
El debate público sobre la IA se centra en empleos y adaptación institucional, pero Morag Barrett advierte que la pérdida de puestos de nivel inicial pone en riesgo el aprendizaje práctico de habilidades humanas esenciales.
Morag Barrett advierte que, además de transformar puestos y procesos, la adopción de la inteligencia artificial está eliminando empleos de nivel inicial y, con ellos, espacios donde se aprenden habilidades relacionales prácticas; eso puede generar un déficit en la capacidad de las personas para trabajar con otros, y exige atención pública y organizacional inmediata. Esta pérdida importa porque esas habilidades no se adquieren solo por formación técnica, sino por la experiencia cotidiana en el trabajo.
Hoy el debate sobre la IA se concentra en sistemas, empleos y adaptación institucional: qué trabajos sobrevivirán, cómo cambiarán la formación y qué efectos tendrá la tecnología en la producción económica. Esas discusiones han impulsado informes gubernamentales, reorganizaciones ejecutivas y revisiones curriculares a gran escala, respuestas que Barrett reconoce como necesarias pero incompletas frente al problema relacional que identifica. Barrett, que acumula dos décadas de trabajo con líderes en 20 países, señala que el asunto central suele pasarse por alto: los puestos de nivel inicial funcionan como un canal de talento y como un laboratorio relacional. En esos empleos se practican situaciones interpersonales concretas que no se replican fácilmente en cursos o simulaciones aisladas.
Entre las competencias que se forjan en esos roles Barrett enumera ejemplos claros: gestionar un colega difícil, ganarse la confianza sin autoridad formal, leer una sala, recuperarse de un error y construir credibilidad. Aunque la IA puede ayudar a enseñar aspectos técnicos o a ofrecer simulaciones, Barrett subraya que la práctica relacional — el ensayo real con consecuencias y retroalimentación humana — no se sustituye simplemente con automatización o entrenamiento virtual.
El riesgo que describe es sistémico: cada gran disrupción tecnológica puede provocar una cascada de pérdida de conexión humana si no se nombra y prioriza el problema. Afecta tanto a las personas que pierden puestos de entrada como a las organizaciones que dependen de esos canales para desarrollar talento interno. su propuesta práctica es que identificar y poner en la agenda pública ese déficit relacional es el primer paso para diseñar intervenciones educativas, organizacionales y de política pública que preserven la formación de habilidades interpersonales en la era de la IA.
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