
El 15 de mayo de 2026, la NASA anunció que su equipo en el Jet Propulsion Laboratory (JPL) está evaluando un nuevo procesador espacial de generación avanzada desarrollado en colaboración con la industria. El diseño, integrado en el proyecto High Performance Spaceflight Computing, es multicore y resistente a la radiación; la agencia afirma que puede ofrecer hasta 100 veces más capacidad de cálculo que las computadoras de vuelo actuales, lo que permitiría ejecutar inferencia de IA y análisis científicos directamente a bordo.
Si las pruebas confirman su fiabilidad, la tecnología podría aumentar la autonomía de las naves y reducir la dependencia del control desde la Tierra. El procesador es lo bastante pequeño como para caber en la palma de la mano y está siendo sometido en JPL a ensayos que simulan el entorno extremo de misiones en el espacio profundo. Las pruebas, realizadas en colaboración con socios industriales, se centran en medir la tolerancia a fallos, la supervivencia frente a la radiación y la capacidad del chip para mantener operaciones prolongadas en condiciones duras.
Actualmente muchas misiones emplean procesadores más antiguos porque, aunque su rendimiento es limitado, ofrecen fiabilidad frente a la radiación. La NASA busca reemplazarlos por este nuevo diseño para soportar cargas de trabajo modernas — como la inferencia de IA y el análisis científico en tiempo real-sin sacrificar la robustez necesaria en entornos espaciales.
Si supera las pruebas de resistencia y tolerancia, la plataforma permitiría análisis científicos más rápidos, mayor autonomía de sondas y naves y capacidades de apoyo ampliadas para misiones tripuladas a la Luna y Marte. Eugene Schwanbeck, del programa Game Changing Development en el Langley Research Center, describió el sistema como tolerante a fallos, flexible y de muy alto rendimiento, y subrayó el papel de la colaboración técnica en su avance.
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