
La Interfaith Alliance for Safer Communities (IAFSC) organizó en Nueva York, la semana anterior al 10 de mayo de 2026, la primera mesa redonda denominada «Faith — IA Covenant», en la que líderes religiosos se encontraron con representantes de empresas de inteligencia artificial para debatir principios éticos vinculados al diseño y uso de esos sistemas, según un informe y una confirmación publicada en LinkedIn por la propia organización. organizadores dijeron que el objetivo del encuentro fue explorar cómo las distintas tradiciones religiosas podrían aportar estándares morales aplicables a la IA. También anunciaron rondas adicionales previstas en Beijing, Nairobi y Abu Dabi.
En el evento participaron delegados de Anthropic y OpenAI, con la intención explícita de abrir canales de diálogo entre las empresas tecnológicas y comunidades de fe sobre valores, límites y responsabilidades que deberían orientar el desarrollo de modelos de IA. Anthropic, señalaron los organizadores, ya había incorporado a líderes religiosos en el proceso de elaboración de su documento interno conocido como la "Claude Constitution", lo que la organización presenta como antecedente de cooperación entre desarrolladores y autoridades morales de distintos credos.
Entre los promotores del encuentro destacó la baronesa Joanna Shields, socia en la IAFSC y quien se identifica como exejecutiva de grandes firmas tecnológicas; Shields dirige la consultora Precognition y defendió la iniciativa argumentando que la regulación no puede seguir el ritmo del desarrollo tecnológico. Desde su perspectiva, esa brecha hace necesaria la búsqueda de un conjunto compartido de estándares éticos que orienten tanto la creación como la implementación de herramientas de inteligencia artificial, especialmente cuando afectan esferas sensibles de la vida social.
No faltaron las críticas, que apuntaron a límites y riesgos de este tipo de diálogos. Dylan Baker, del Distributed IA Research Institute, advirtió que las discusiones sobre ética podrían oscurecer preguntas más fundamentales sobre si ciertos sistemas deberían construirse en primer lugar. Rumman Chowdhury, investigadora de Humane Intelligence, calificó las conversaciones como "en el mejor de los casos una distracción", al considerar que desvían atención de la necesidad de regulación y de mecanismos efectivos de control.
Por su parte Brian Boyd, del Future of Life Institute, señaló que existe "algún aspecto de relaciones públicas" en la iniciativa y la vinculó con intentos de restaurar confianza tras una etapa en la que Silicon Valley aplicó la máxima "move fast and break things" y, según él, perjudicó a muchas personas.
La discusión plantea un contraste relevante: por un lado, los organizadores sostienen que las tradiciones religiosas pueden ofrecer marcos morales y límites que ayuden a mitigar daños y a orientar el comportamiento de las máquinas en contextos de decisión humana; por otro, críticos y expertos piden que esos diálogos no sustituyan ni retrasen la adopción de regulación, normas vinculantes de responsabilidad y controles técnicos que determinen qué tecnologías deben desarrollarse y bajo qué condiciones. un intento de sumar voces morales al debate público que, según sus impulsores, busca influir en prácticas y políticas, pero que según sus detractores corre el riesgo de convertirse en un complemento blando a la exigencia de obligaciones legales y supervisión efectiva.
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