
Los departamentos de RR.HH. enfrentan una brecha de capacidad que ya está elevando el estrés entre sus líderes y erosionando la participación laboral: el 84% de los responsables de RR.HH. reporta estrés frecuente, y la inacción se traduce en vacantes sin cubrir, pérdida de productividad y un aumento del 'quiet quitting', con costes que pueden llegar a millones. Ese conjunto de problemas opera como un círculo vicioso, porque la menor participación agrava la sobrecarga de quienes permanecen en sus puestos y dificulta la recuperación de capacidad.
Para detener esa dinámica, el informe propone una adopción por fases de tecnologías de IA. La primera etapa prioriza la consolidación y la gobernanza de datos — incluido el uso de un governed lakehouse—; la segunda añade capacidades analíticas sobre esos datos; y solo después se recomienda integrar IA en los flujos de trabajo, manteniendo siempre a personas en el bucle para controlar riesgos. Si las organizaciones siguen esa ruta ordenada, podrían reducir vacantes abiertas y recuperar productividad antes de desplegar automatizaciones más avanzadas.
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