El 19 de mayo se activó un sistema de detección de ballenas en la bahía de San Francisco para avisar a las embarcaciones sobre la presencia de ballenas grises y reducir choques en una zona con intensa actividad marítima. La instalación en Point Blunt (Angel Island) integra cámaras térmicas e inteligencia artificial; su despliegue responde a un aumento de avistamientos y a crecientes preocupaciones por la seguridad de los cetáceos y de las operaciones portuarias.
El servicio, desarrollado por WhaleSpotter (Somerville, Mass.), procesa imágenes térmicas en tiempo real. Un modelo de IA señala posibles avistamientos y un operador humano verifica cada detección para minimizar falsas alarmas; tras la confirmación, el sistema envía alertas a embarcaciones cercanas recomendando reducción de velocidad o cambio de rumbo. Está diseñado para funcionar las 24 horas, incluyendo la noche y condiciones de niebla.

La medida llega en un contexto de mortalidad elevada: un estudio de abril calcula una tasa de mortalidad del 18% para las ballenas grises que entran en la bahía. En 2026 han muerto siete ejemplares y en 2025 se registró un récord de 21 muertes; las necropsias indican que el 40% de esos fallecimientos se debieron a colisiones con barcos. Desde 2018, más de 100 ballenas se han desviado hacia la bahía, aunque no hay consenso sobre las causas de ese cambio de conducta.

La tecnología pretende dar margen operativo a capitanes y al control de tráfico marítimo para evitar impactos inmediatos, un aspecto crítico dado que estas ballenas realizan migraciones de entre 15.000 y 20.000 km y están haciendo paradas inéditas en la bahía. Entre sus límites están la dependencia de verificación humana para reducir falsas alarmas y la necesidad de coordinación efectiva con puertos y operadores navieros para que las alertas se traduzcan en maniobras preventivas.

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